28 de febrero de 2011

.:.Wind does not fall in love.:.

La lágrima que llegó a la espalda en aquel tiempo sideral buscando colmar motivos en aquel lineal destino tan rústico y, hasta a veces, necesario. Como ese arte abstracto en asociación libre; aún así, la imposibilidad de escampar la mente. ¿Dónde va eso que muere y que nace en su extremo circundante? ¿Dónde se posa el encuentro, con el que luego arrasa el olvido? ¿Dónde plasmo ciertos besos que pronto serán viento a cada lado de nuestros rostros? ¿Dónde gira aquella carcajada que solté siendo cómplice de aquello que sólo tu gesto pudo comprender? ¿Dónde escondo tanto insomnio? ¿Dónde se oculta tanta belleza sin ser plasmada? ¿Dónde está el plano donde se cruzan nuestras historias? Obtengo esa obtusa respuesta. Entonces no vuelvo a preguntar.

Un firme momento torna zutano mi nombre y te imagino lejos, quedándote en algún rostro memorable. Y me imagino inerte. En ese ornamento imaginario que le dibujé a tu rostro y esas melodías que le inventé a tu altar. Sin dejar de recordar esa luz que nadie comprende y hasta ciertos ilusos buscan contaminar: No somos como ellos, no somos como nadie. Y por eso me enfermo, por querer aclarar la mente, esta mente cada vez más cercana a tu aura. La sandez en aquel fundamento propio, queriéndote creer que no temes, queriéndome creer que no me afecta. Ni eso, ni tu ida.

Las manos gastadas de tanto escribir, pintar y aún así el alma en un vaso tan vacío y tu rostro sobre mi nombre. Tu corazón cuadrado - como una antigua magnífica cerámica - pastillas de insomnio.

La altura desprende espejos sobre mi piel y encuentro al murmullo del viento escurriéndose hacia los confines de la hora, flotando ágiles bicicletas rodando sobre un hilo; siento vértigo y es allí cuando el miedo se espesa hasta crear una coraza desde la piel. No se debe fabricar cierta perspectiva: La realidad siempre la rompe. Por eso me inclino hacia formalizar el pulso y dejar de explicitarte en cada letra.

Esa tarde acarreaba el brillo en los ojos, el aire en los pulmones, caminaba sobre el viento con breves pasos circulares: Como si lo arrastrara el alma. Esa tarde estrené mis brazos y reconocí la esencia del abrazo, los caprichos de su arquitectura, para detectar que en la colisión de nuestra forma, se obtiene tan agradable encuentro; ya que antes te conocía de manera indirecta, casi indescifrable. Caminábamos tejiendo supuestos hasta encontrarnos; al hacerlo, se produjo lo evidente. Inevitable tentación de ser victimario ante tal propuesta: Esa esencia original, que otorga palabra y fundamento, confiere verdades, brisa de claridad, quebranta párpados, extiende el sendero del amor en la tierra.

Quiero hallarte, aunque sea inútilmente, sabiendo de la inexistencia de la casualidad. Que sientas y me desenredes los ojos. Para luego irte.

Hay un punto existencial entre el idiota y el justamente fundamentado, porque crear es creer. Se debe desanimar el desánimo, deshilacharlo, que se desdibuje grotescamente y se destierre y se deseternice y su deshielo nos descubra llenos de desimposibles.