Busco ilustrar un concepto en gestos ajenos, que fácil de resolver que son los problemas de los otros. Ni desbordantemente feliz, ni desorbitadamente destrozado, camino por calles desgastadas, con palabras en mi mente: El fin es el principio de todo. Esas palabras, en ese día, son para siempre. Porque escribir es enterrar. Descubro a Jason Mraz de fondo y recuerdo aquel momento en que alié mi pensamiento a tus goces sombríos y gusté la dulzura de tus apresuradas palabras. Estaba toda la casa inútilmente iluminada, pues tu porte alumbraba vida. Por vos colgué coronas en los muros; fuí infinito y en los maduros soñares aligeré tus canciones (tu pronto asedio en donde es sostenido mi dolor). Amor sin nombre, ámbito destino de ser y de no estar. Tu cuerpo es el país de las caricias, en donde yo, viajero desolado, -todo el itinerario de mis besos- paso el verano para no morirme, sin conocer el valor de tu ausencia como un diamante oculto en lo más triste. Difícil es llegar a esbeltas latitudes. Las palabras con ritmo —camino del poema— se adhieren a la intacta sospecha de una yema; siento la conexión y lo que se destila. Yo no sé caminar sino hacia vos, por el camino suave de mirarte, poner mis labios junto a mis preguntas ,tornándome inocente, volviendo un par de años, casi a una infancia, en dos ojos enormes abiertos de miedo y algunas horas cóncavas. Entre tu ombligo y sus alrededores, sonreían los ojos de mis labios: Le das al sol la mirada y escurrís en una sola pincelada plan de vuelos a nubes de otros suelos.
¡Decír tu nombre entre palabras vivas sin que nadie lo escuche! Y escucharlo yo solo desde el fino enseñar silencio del papel, en aquellos diez dedos que no fueron tocados sino por la sola poesía de tus poses. Morimos juntos muchas noches. Incendiamos recuerdos - voces. Arañamos las caricias ajenas. Nos desnudamos de otros. Quedamos frente a frente en silencio para siempre. Yo leía algunos versos y vos estabas tan cerca de mi voz que la poesía era nuestra unidad y el verso apenas la pulsación remota de la carne. Yo leía poemas de tu rostro y vos ya lo sabías. Hoy ya no te escribo tan de cerca. De nuestros dos silencios ha de brotar un día el agua luminosa que dé un azul divino al fondo de cipreses de tu alma y de la mía. Tal vez mi mayor demencia fue creerme significativo en algún paso de tus piernas, en la silenciosa música de callar un sentimiento, sintiendo así, que me duelen los ojos de no llorar. En la destruida alcoba de tu ausencia pisoteados crepúsculos reviven memorias, sus harapos, morados de recuerdos y algunos besos. En el alojamiento de tu sombra todo lo ocupo yo, clavando clavos en las cuatro paredes de la ausencia. Y te llevo en mi ser y has recogido la actitud que hiere el alma.
Vas como sílabas de pájaros tardíos meciéndose en los álamos del viento que descuentan la dicha de tus ojos bebiéndose los míos. Oí que en mi garganta tropezó la derrota con las piedras fatales del tiempo. Yo me cubrí los ojos para no ver las lágrimas que huían desde mí, hacia mí. Luego tú me besaste, dijiste algo y sonreíste... Sin entender que pasaba. No tengo alma que vuele, cante o gima. Para el amor he muerto.
No te voy a acariciar más el alma, de todos modos, veo marchitarse al tiempo; aunque vengas mañana en tu ausencia de hoy perdí algún reino. Vete ya a acariciar largos cuerpos, distintos a este mío, desde el cual te diviso, viviéndome de adentro. Tú vives desde afuera. Con sólo ser tocado ya existes. Yo necesito manos que atraviesen la piel blanca y, ahora, extremadamente fría. En vano tu cabeza puse en mi hombro y en vano besé tus ojos con palabras. De nuevo fue oscureciendo el tono de los días de antes. Yo abandoné tu rostro y mis manos ausentaron las tuyas. Si me despido es porque no pude con tal equipaje, tan sustancial como difuso.
Y Creo que por fin te he despedido. Porque logré que dé lo mismo que estés acá o allá. De todos modos estás lejos :(
