17 de junio de 2010

.:.Un silencio calado hasta los huesos.:.

Fede siempre se pregunta lo mismo desde que te vió aquella noche calada hasta los huesos. Se pregunta por qué una muchacha como tú querría salir en mitad de la noche a mojarse bajo la lluvia. Por qué luego de hacer el amor su chica sale a la calle, sin poner una nota siquiera, para dejar que el frío se le metiera dentro, para que las gotas de agua le recorrieran todo el cuerpo y humedecieran sus huesos.
Él te vio en medio de la calle desierta y pensó que se encontraba en un sueño. Tú lo tomaste de la mano sin decir nada y lo invitaste, siempre en silencio, a que se sintiera vivo al menos una vez.

Cuando volvieron a la habitación lo secaste con delicadeza y lo besaste, mientras él se dejaba hacer sin importarle nada. Era como flotar en el aire.
Por la mañana, te preguntó qué era lo que en realidad había pasado anoche, pero tú no dijiste nada y no insistió. Aunque yo lo sé: todo el tiempo se pregunta lo mismo.
Él aún no conoce el caprichoso significado del silencio. Las palabras pueden deformarse, manipularse o malinterpretarse, pueden perder su valor o tener demasiado. El silencio es más noble. El silencio puede escucharse mejor que las palabras.