28 de septiembre de 2009

Vos seguís corriendo el doble...y yo te espero la mitad...¿Te espero la mitad?

La mira, la observa facinada. La recorre con su mirada de arriba a abajo; de adentro hacia afuera. Se la conoce de memoria.A cada momento, se cuelga de sus pensamientos, y comienza a balancearse en ellos... esto le trae gratos recuerdos, frases, lo hace sentir y estremecer; le genera mil sensaciones. La imagina siendo, haciendo, dejando. La imagina siendo dulce, sensible, sabe que es algo lograble; pues su arte lo transmite, la delata. La imagina haciendo mimos, caricias. Buscando la manera de acercarse a el; sería mágico, da con el perfil de mujer sensible y protectora. La imagina dejando sus miedos de lado, historias pasadas, justamente donde corresponden, atrás...en el pasado. La imagina dejándose querer, cuidar, proteger, amar, aceptar; el podía hacer todo eso. Podía aceptarla tal cual era, por que lo quería así, loca, bohemia, soñadora, revolucionaria. El podía hacer un millón de cosas hermosas, solo que ella no daba el O.K. Y cuando caía en la cuenta, ella estaba ahí, seguía ahí, en frente suyo; tan perfecta y adorable, como asustada y cerrada. En ese instante el miedo lo tomaba por completo, invadía su cuerpo, temía que una sonrisa se le haya escapado, que su tono de voz y mirada desnudaran sus sentimientos, dejándolo al descubierto. El estaba enamorado. Ella lo sabía.
Y en ese momento es cuando de repente... ese terror desaparecía... no había mucho para esclarecer, nada para desnudar. Él se despabila, le hecha pesticida a sus pensamientos. Ahí es cuando le habla sin miedos. Ahí es cuando se anima a rozarla, a mirarla, a quererla y a demostrarlo con los ojos, palabras, movimientos... ahí es cuando se anima a demostrar, a distancia, pero demostrar, al fin. Ahí es donde la espera siempre. Ahí es donde el círculo vicioso vuelve a comenzar.
Él la sigue amando, hasta el día de hoy.