Nunca te tengo tanto como cuando te busco, sabiendo de antemano que no puedo encontrarte. Toda mi piel nombrándote, toda mi piel alerta, pendiente de mis ojos.
Indaga mi pupila, todo atisbo comprueba, todo indicio que me conduzca a vos, que te introduzca al ámbito donde sólo tu imagen prevalece y te coinncida y funda, te acerque, te inaugure y para siempre estés. Mi escencia es un eco plácido de tu sonrisa, porque sólo el cielo crece en el fondo de tus ojos.
Tus ojos, que le negaron al sueño su cuota primitiva. Mis manos modelaron ternura mirando el día desde tu sonrisa, acompañados de mi voz al aire, fresca y exaltiva.
Voluntad honesta y pura aplica, pues, un rato los sentidos: no dejes que su habla llegue a mis oídos(menos aún, su mirada); más, a veces, son mejor oídos el puro ingenio y lengua casi muda, testigos limpios de ánimo inocente, que la curiosidad del elocuente.
Mi esperanza es todo una mesa de a dos, que se enredará por siempre entre tus pasos. Mi amor tan sólo roza tus raíces, sabiendo que siempre voy y vengo por los tiempos idos de tu aroma.
Se va ahondando el abismo entre mi locura y tu mundo; se apagan, una a una, las futuras realezas; aún sabiendo que el hombre superior no habla, piensa y el hombre inferior no piensa, habla.
¿Abrirás vos el bisturí del mundo, ese que no sabe cortar verdades, si acaso cerrar bocas incómodas?... Y lamentablemente para mis días, hoy brillas más que ayer. Y en tu brillo, vive mi teoría heliocéntrica personal, donde de los dos, sos aquella que quema a pocos pasos de llegarte. Por ser mi causa, obtengo efectos de noches en ecos vacíos y el pulso baila música inerte: Jamás obtendré una sonrisa exacta.
Te aparta de mí el rencor, te aleja lo que anhela ser correcto.
Te vas sin despedirte del todo. Te vas cada día, a retazos, a palabras de hielo. Te vas con cada momento de soledad, con la fuerza de las cosas, con un quizás, con lo que no entiende razón ni lógica. Y yo debo contemplar la mano que, cada vez más lejana, mece el aire en la distancia. El camino, despacio, retrocede a tus espaldas. Todo un ayer se marcha en el espacio breve de un segundo, y deja viva una chispa que, sabemos ya, arde por siempre en la memoria.
Este espacio de angustia con soledades recurrentes, tan solo sé que existo porque los días pasan y un almanaque desnudo me señala el tiempo.
Hasta que en una primavera reciba - sin gastos de envío - su sonrisa restaurada y blanqueada, fácil de interpretar, sin baterías, biodegradable, autoadhesiva, a prueba de bombas, transmisiones bélicas en directo, genocidios, intervenciones aliadas y ataques a objetivos no civiles que, al final, resultan ser un puente, una fábrica ¿Quién sabe si algún parque? Eso sí, no civil. Y el sol delire sin compromisos nuestra sonrisa sometida a los mejores controles de calidad y vuelva a brillar con luz propia en todo tipo de acontecimientos.
