1 de octubre de 2009

-Odiosa Rutina-

Se levantó de un salto. Había sido una mala noche, como de costumbre. Abrió rápido la canilla caliente de la ducha. Mientras iba en busca de las toallas, comenzó a desnudarse; tirando por el camino los harapos que usaba de pijama. Se dispuso a bañarse, con agua bien caliente, como le gustaba. En los cinco minutos que le tomo llegar a la pulcritud, renegaba con él mismo. Se gritaba, como loco, que era sumamente necesario sentar cabeza. –necesitas un cambio radical chiquito, así no es la vida.

Se vistió con lo primero que encontró, y comenzó su día laboral. Los clientes que lo esperaban no eran para nada fáciles. Iba a ser una larga mañana. Alrededor de las 12 del mediodía abandonó su ámbito laboral, dejó el papel de empleado, para tomar el de alumno. Con pocas ganas, tomó sus apuntes y cerró la reja de un golpe. No sin antes tomar alguna que otra moneda de su escritorio.

Paró el primer bondi que pasó; con lo retrasado que iba, no podía ponerse en exquisito. Subió. Le dijo buenas tardes al chofer. Pero por la cara, parecía que la suerte del mismo, era prima hermana de la de él...$1.50 por favor. Tomó su boleto y se dispuso a viajar lo mejor que se podía. Eso, en esta línea y a esta hora, significaba, con el codo de algún tipo clavándose en alguna de sus costillas, el taco aguja de alguna mina destrozándole el empeine y la zapatilla. Y la mochila del típico adolecente rompiéndole la columna vertebral.

Se calzó los auriculares y prendió su celular. Comenzó a sonar una melodía conocida y de repente, como de sorpresa, escuchó la dulce voz. ¿De qué se sorprendió? No lo sabe, se sabía ese CD de memoria. Después de esto, fue inevitable no recordarla, no extrañarla. Mucho menos después de lo ocurrido días atrás; del abrazo que le habían dado sus brazos, de aquel otro, más fuerte, que le dieron sus ojos; de aquella trompada que le dieron sus palabras. Y de la dulzura que le trasmitió la suavidad de sus besos.

En ese momento, entró en juego su cabeza. Tenía la facilidad de hacer de esta un bombo en cuestión de segundos; y las actitudes de ella no colaboraban. ¿Por qué?, ¿Qué hago?, ¿Qué carajo hizo?, ¿Y si termino más hecho mierda que ahora? Y de esta índole, millones de preguntas más.

Dijimos que ibas a asentar cabeza, dejá de preocuparte por pelotudeses que no están al alcance de tus manos solucionar. Tenes razón. Hablaba con su otro yo, como quien fuera bipolar o esquizofrénico. Hablaba con aquel otro yo, que era más conservador, y menos autodestructivo.

Y llenándose de fuerzas, limpió su cabeza de basura. Apago su celular, valía mas esconder el problema bajo la alfombra que enfrentarlo, hoy por hoy no estaba en condiciones. La vida seguía, con o sin ella, con o sin su llamado. La vida seguía, por lo menos hasta que aquella mujer vuelva a invadir su cabeza, la colonice; y contamine otra vez su psiquis. Y en ese momento, y sólo en ese momento, organizará una revolución (¿O seguirá escondiendo cosas debajo de la alfombra?)

Le quedaba poco tiempo de tranquilidad, los lapsos de lucidez eran cada vez más cortos, y como si fuera poco, había llegado a la facultad.