14 de octubre de 2009

Instinto de supervivencia....cero!

La tarde estaba nublada, el tiempo le había jugado una mala pasada. Él había salido de su casa alrededor de las diez de la mañana. Un sol radiante encandilaba sus ojos, cosa que obligo a que se pusiera esos lentes oscuros que amaba usar. Sentía que, aparte de proteger sus retinas, cubrían y abrigaban su alma. Esa criatura de pelo moreno y contextura chica, expresaba todo en su mirada. En él transmitía la pesadez que tenía su vida, y la tristeza que le provocaba el amor. Luego de hacer unos trámites bancarios durante toda la mañana. Luego de pelear con mujeres de atención al cliente, que no cumplían su trabajo, porque hacían de todo, menos atender. Luego de haber sido empujado, embestido, chocado… centenares de veces, sin una mísera disculpa, como suele ocurrir en Capital Federal. Se dispuso a comer un tostado y tomarse un café, en la “M” mágica. Mientras descansaba sus piernas y su espalda, del pesado bolso que llevaba de aquí para allá. Leyó un poco el libro de turno. Amaba ese autor, amaba la manera que tenia de expresar lo cruel de la realidad, pero sin que sientas ganas de suicidarte después de leerlo. Era como que te concientizabas de lo que pasaba en verdad, pero sin sufrir ataques de pánico, sin sentir que esto no tenia solución. Este libro, había inspirado mucho en él. Quería hacer algo, quería salir de la posición fácil que le entregaba la vida, quería hacer algo por lo demás. Y creía que había encontrado la forma de ayudar, de aportar su granito de arena. Mientras leía, hacia anotaciones en un cuaderno; estaba híper-concentrado, tenía miles de ideas. Solo le faltaba hablar con su compañera de aventuras, para pensar en cómo y cuándo empezar a llevarlas a cabo. De repente vio en su reloj, marcaba la una y cuarto, del medio día. Como rara vez iba a llegar tarde a su cita con la psicóloga. Le esperaría un viaje eternamente largo e incomodo. Viaje que lo devolvería a su querido Moreno. Apenas cruzo el puente Granhanbell, sintió como su alma volvía al cuerpo. Al fin se sentía en su salsa, en su lugar. Odiaba tener que pasar tiempo del otro lado del charco. La gente ahí era diferente, no paraba; eran una mezcla de maleducados con suicidas. Nadie frenaba a pedirte perdón; sin importar la gravedad del golpe, nunca lo pedían. Y era increíblemente impresionante, como se tiraban a la calles, sin importar si tenían o no paso, sin preveer si venia una moto, una bici o un camión. Asquerosamente alterable. Caminó rápido, casi al trote. Apretó el 2°B, luego de ser reconocida por la profesional, subió. Alejandra siempre estaba igual. Tranquila, y si que sabía transmitir esa paz que la caracterizaba. Él nunca pudo averiguar si en verdad la escuchaba, o solo hacía dibujos en su cuaderno; pero hablar con esta mina, indudablemente le hacía bien. Comenzó la sesión hablando de lo que tenía como proyecto para los siguientes meses; eso de conseguir un trabajo. Una cosa llevo a la otra, y como siempre la charla desembocó en ELLA. Y todas las sesiones eran odiosamente iguales. Pero, cómo no hacer eso. Ella era como la contaminación, estaba en todos lados. Imposible de eliminar por completo. Aunque no la vea, siempre esta. Y estén seguros que era más realista compararla con la contaminación, que con el sol. Alejandra lo escuchaba atenta; mientras él comenzaba con el ritual de justificar todo tipo de actitud impropia, para con un hombre. Ella había desaparecido. La localidad de Moròn se la había tragado. Lo poco de dignidad que le quedaba al muchacho había exigido que no intente comunicarse. Y sin recibir noticias de él, después de 6 semanas de no verse, y más de seis días sin hablar, ella seguía ausente. Odiaba como se sentía la situación de no poder encubrir lo mal que se comportaba. Odiaba la idea de que Ale le haga dar cuenta que en verdad a ella, este hombre que era él, no le importaba. De a poco, entre charlas con amigos y la terapia de una vez por semana, caía en la cuenta de que si ella podía estar días, semanas enteras, sin verlo. O peor aún, sin saber si él vivía. Esto no tenía futuro. Y era así, el MUNDO ENTERO tenía razón, ella no lo quería, no lo iba a querer. Y quizás, solo quizás, si tenía necesidades biológicas, volvería a aparecer. La realidad era triste, dolía, cortaba, lastimaba. Provocaba una hemorragia interna en su corazón… y no se sentía nada bien. Había ido preparado; con “karilinas” intento secar el infinito mar de lágrimas. Entre congojas y alaridos, parecía que iba entendiendo la realidad. Espantosa realidad, estúpido él, ella solo “mujer”, esa palabra lo resumía todo, saciaba sus ganas en este cuerpo, pero no veía lo frágil del alma. Y mucho menos cómo era destrozada. Y la sesión terminó. Se despidió. Y salió a la calle. Hacía frio, y no estaba abrigado. Pero en verdad, el frío que sentía su cuerpo, no dolía tanto como el que padecía su alma, desde ya hacía varios meses. ¿Cómo iba a parar este dolor? ¿Cómo dejaba ir algo que nunca tuvo? Su cabeza iba a implotar, podía sentir como las venas de su sien se hinchaban y luego relajaban, podía sentir como su corazón se partía. sto había terminado, é no iba a rebajarse más, ella tendría que cambiar sus expectativas con él, o no lo iba a ver nunca más. Aunque por lo visto mucho no le importaba. Caminó con la cabeza agachas entre la gente, las lagrimas no dejaban de brotar de sus ojos marrones, aunque medianamente se podían disimular, con la llovizna que ya empezaba a mojar su cuerpo. Subió al colectivo, pidió y tomó su boleto; como rara vez sin saludar al chofer. Y mientras desfilaba por el pasillo, hasta el asiento que delataba su perpetuo estado civil, pudo ver como el resto de los pasajeros lo miraban con pena. Este muchacho llena do vitalidad, este tipo que hacía seis meses irradiaba felicidad y risas, hoy provocaba un penoso sentimiento de lastima. Se acomodó, dejó el pesado bolso sobre el piso; y se dispuso a mirar por la ventanilla. En el clima se reflejaba la tristeza de su alma. Y ni hablar lo que te decían sus ojos cuando era a ellos a quien mirabas. Y de repente su celular vibró. Miro por el visor externo. Se podía leer claramente “---”(un sms de ella). Un sentimiento de repulsión lo invadió. Ahora lo iba a escuchar. Atendió, su hola fue cortante, pero la mujer, como quien no se da por enterada, respondió con un cálido -Hola bonito, cómo estas tanto tiempo?… me tenias preocupado. Perdón que no llame antes, es que estuve a mil, quería saber si te podía ver.-((Confusión))… ¿Ella o yo? ¿Ella o yo? ELLA… instinto de supervivencia… cero-¿Qué haces gorda?… si estoy bien, cansado, día difícil el de hoy. Bueno dejame acomodar unos horarios con los compromisos, y te vuelvo a llamar. Beso.-Otra vez la mazoca se vuelve a latigar. Otra vez esta historia, de nunca terminar (y mucho menos empezar), vuelve a las andadas en el cruel arte de lastimar. =(