Septiembre me encontró lleno de trastornos, lleno de fracasos y aprendizajes. Pero por sobre todo lleno de miedos. Tu mirada me daba todo lo que necesitaba, pero no siempre; y cuando digo esto me refiero a que no estaba cada vez que la necesitaba. Siempre me destaque por ser caprichoso, y querer las cosas en mi tiempo. Pero lejos de que sea así; acá las riendas de esto, que no llegaba nunca a ser una relación, las manejaba ella. Esto le daba un sabor agridulce; que en un principio, tengo que aceptar, me encandiló. En esos ojos podía encontrar la paz, lo sabía bien. Pero por lo general todo lo que me rodeaba eran guerras y luchas. En su voz podía encontrar, como oculto, el canto de una sirena; tenía la facilidad de fascinarme, hasta el punto de dejarme idiota. Pero cuanto más quería escuchar esa voz, más saltaba el contestador de su móvil. Y poco a poco parecía volverme un paranoico. Revisaba el buzón de mis mensajes cada dos o tres minutos, si es que dejaba que trascurra tanto tiempo. Cada melodía me hacia acordar a alguna que antes había escuchado a su lado, cada letra o párrafo de un libro me hacía sentir identificado con la desdicha de este amor. Este amor que era y no era a la vez. O mejor dicho, que era solo en mí. Y hablando de mí, en mi calmaba sus deseos de mujer y fiera, pero realmente no demostraba nada más que esa necesidad biológica. En vano fue buscar algún rastro de amor entre las sabanas que, noche a noche y tarde a tarde, me envolvían; tanto como su ferocidad de amante.
Y así comencé a sentirme usado. Y yo hoy dejaba de ser eso tan deseado para convertirme en "uno mas" para ella. Y si, tenía miedo. A cada instante arriesgaba lo que tenía por ella. Y ustedes no saben, pero tengo mucho, todavía. Tengo a mi mejor amiga que esta empecinada con tener algo conmigo, a la cual no puedo dejar por no se que bien. Y por otro lado tengo amigos, que desconfían en cada paso que doy, y con razón.
Y la verdad es que no me voy a justificar, se que está mal lo que hago, o hacia… todavía no lo tengo bien decidido. Pero en un manotazo por sentirme vivo lo primero que apareció ante mis ojos fue ella. Con su buen porte y palabras embadurnadas de la dulzura que siempre desee. Y quizás merezco que me salga “el tiro por la culata” y que ella no resulte todo lo maravilloso que supuse que sería, pero ahora me siento vivo; ella fue como un electroshock en el medio de mi pecho. Y si todo lo que reí fue porque “ahora vivo”, todo lo que lloro, bien se sabe que será por lo mismo. En síntesis, descubrí que vivir no era cumplir con obligaciones diarias; si no que ahí afuera hay mucho más, muchas cosas más. Que vivir no se resume a planificar cuando será el coito semanal, ni de levantarme cada día y mucho menos a que mis tardes estén repletas de mates con una amiga igual de desdichada que yo. Hay más… y esas son las cosas que estoy dispuesto a vivir, sentir, oler, gritar, llorar y reír.
