Ella llega para acariciarme y darme a través de su cuerpo la poca paz que le queda, y el poco Amor que fue cosechando entre encajes y golpes.
Yo quiero darle todo, pero ella no se deja.
Llega a mis brazos como un animalito herido, se acurruca en mi pecho y después de los besos mas hermosos, me recibe en su cuerpo y me da el calor que tanto necesito. Ella tiene la sabiduría y la experiencia de una anciana y sin embargo, su piel lozana y aniñada me dibuja las puertas de un Edén al que solo yo estoy invitado.
Se vuelve adulta, y en su cerebro privilegiado me recita una prosa de su vida, y se ríe aniñadamente como para que yo no le crea.
Pero yo creo todo, inclusive cuando dice que me ama.
Aunque también sonría y en esos dientes metalizados desmienta su amor entre sonrisitas pícaras y cosquillitas.
Es un ángel, mi flaquita es un banquete para pocos afortunados, o tal vez el único.
Solo yo entiendo sus silencios y sus miradas demandantes.
"Quedate conmigo" me dice, y yo la abrazo fuerte.
Y mientras la abrazo sé que voy a perderla casi inmediatamente.
Porque los ángeles tienen alas y ella siempre vuela lejos mio.
Aunque vuelva muchas veces, no me pertenece.
Podría amar perfectamente a esta mujer, que cierra los ojitos a mi lado y se duerme calladita, descansando de la pasión y del deseo.
Se enrolla sobre si misma y se mete debajo de mi abrazo como si fuese un gatito, y así se queda junto a mi, regalándome su aliento en esta tarde donde me hubiese matado la soledad si ella no llegaba.
Luego levanta sus brazos y se estira, gira sobre si misma y me pide que la abrace y la proteja de la forma que mas nos gusta.
Sonríe y se siente bien, porque el contorno de su cuerpo encaja perfectamente en mi silueta, tan perfecto que no puedo resistir la tentación de volver a poseerla una y mil veces mas.
"te amo" casi al unísono. Si hasta parece cierto.
Y en ese instante en que nos elegimos y nos amamos, nadie mas existe.
Nadie la maltrata ni la somete, y nadie me lastima ni me descarta.
Todo es Paz y nada mas importa.
Y así... casi por arte de magia, en un minuto me quedo solo nuevamente, cuando mi ángel se marcha, dejándome la fragancia de su pelo y el recuerdo de su risa aniñada.
Pero antes de irse, me mira a los ojos fijamente, y ya vestida se tira sobre mi, en mi cama y me da los últimos besos, como fijando terreno, como dejando su huella imborrable.
Luego sonríe voltea a verme y me guiña un ojo.
Y me deja sonriendo, y amándola con el alma, implorando a Dios que me la envíe de nuevo prontamente.
